Por sus contribuciones en la preservación de la cultura indígena y en el desarrollo de una sociedad más inclusiva, María Lucero Ayala Cienfuegos y Adriana Yimi Vázquez Hernández, alumna y docente normalistas, respectivamente, fueron distinguidas como Premio Estatal de la Juventud 2025.
Ambas forman parte de las y los 48 jóvenes reconocidos en diferentes categorías por el Gobierno de Sonora, a través del Instituto Sonorense de la Juventud, por ser ejemplos de superación y éxito para las nuevas generaciones.
Lucero Ayala, originaria de la localidad de Chihuahuita, Navojoa, es alumna de octavo semestre del Centro Regional de Educación Normal “Rafael Ramírez Castañeda” (CREN), donde cursa la Licenciatura en Educación Primaria Intercultural, Plurilingüe y Comunitaria.
Como una orgullosa integrante del pueblo Yoreme (Mayo), Lucero busca ser una docente que, además de la educación, promueva la cultura como herramienta para fortalecer a su comunidad.
Para postularse al premio, en la categoría Fortalecimiento a las Culturas Indígenas, la joven presentó algunas de sus acciones, entre las que destacan la fundación del Club de Lectoescritura en Lengua Mayo, la preservación de la herbolaria tradicional y el impulso de la panadería tradicional como rescate de la identidad gastronómica.
“Este reconocimiento es resultado de años de esfuerzo, constancia y desvelos, de trabajo comunitario firme y de la convicción profunda de que la cultura indígena no es pasado, es presente y futuro. Más que un logro personal, este premio representa la dignidad de mis raíces, la fuerza de mi pueblo y la responsabilidad de seguir abriendo caminos”, expresó.
Por su parte, Adriana Yimi, reconocida en la categoría Discapacidad e Integración, es egresada de Educación Primaria de la Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado de Sonora “Prof. Jesús Manuel Bustamante Mungarro” (Bycenes). Actualmente, es maestra de licenciatura y coordinadora del Club de Teatro en el mismo plantel.
Compartió que la edición 2025 de la convocatoria fue la tercera ocasión en la que se postuló y, debido a su edad de 29 años, también era la última. El objetivo era el mismo en las tres veces que participó: visibilizar las neurodivergencias y fomentar la inclusión.
“Mi proyecto es la inclusión a través de las artes, de cómo a los docentes se les enseñan actividades que puedan trabajar con sus estudiantes, y también es predicar con el ejemplo, cómo yo, maestra autista, llevo mi día a día a pesar de todos los desafíos, cómo siempre se pueden hacer cosas y cómo nos ayuda el teatro”, dijo.
La docente agregó que para ella fue satisfactorio obtener este reconocimiento pero, a la vez, considera que implica una responsabilidad y un compromiso para fortalecer la inclusión desde la formación docente.
“Yo, la verdad, siempre he pensado que tengo las posibilidades, son muchas y todas las quiero aprovechar y aprovecharlas en el bien común, lo importante es hacerlo para las futuras generaciones, y para los que estamos ahorita todo lo que haces tiene también una consecuencia”, aseguró.







